Los amos responsables sacan a pasear a sus perros no solo para que se ejerciten sino para aprovechar que hagan sus necesidades, pero muchos no consideran que deben limpiar los desechos para evitar enfermedades y contaminación.

Un perro produce en promedio 300 gramos de excremento al día y medio litro de orina el suelo absorbe la orina, pero el excremento se seca, se pulveriza y sus partículas viajan en el ambiente y pueden terminar en los alimentos que se consumen en la vía pública o las podemos respirar, y esto constituye un riesgo de enfermedades e infecciones.

Recoger las heces del can reduce al mínimo las posibilidades de exposición a los huevos y larvas de gusanos, lombrices y otros parásitos que causan estragos en el sistema intestinal humano. Algunos parásitos que se encuentran en las heces caninas pueden causar lesiones oculares graves en los niños pequeños.

Uno de los mitos más comunes, es que los desperdicios del perro sirven de abono para jardines o jardineras. Sí son biodegradables, pero los perros, al ser omnívoros, pueden desechar bacterias o parásitos que son resistentes a los procesos ambientales, por eso lo indicado es recoger las heces del canino y desecharlas.

Toparse con las heces de perros en la calle o parques también es algo desagradable, no solo por el olor, sino por el riesgo de pisarlas, por lo que hay quienes también consideran una falta de respeto para los demás no recogerlas.